Recorriendo habilidades del Sentido
El amor en la ausencia y en la presencia
¿A qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de “amor”? ¿Qué evocamos con esta palabra, con qué la asociamos y, cuánto de lo que ella puede comunicarnos es lo que cada uno de nosotros recoge para su propia existencia?
El Amor suele evocarnos más que un concepto, su manera de expresarse: como sentimiento o como valor. Más como uno que como otro, según cada persona y dependiendo del momento y del objeto de amor en el cual estemos pensando. Esta distinción primaria, entre amor como sentimiento y amor como voluntad, es la que conocemos por medio de la experiencia cotidiana de sentir atracción, agrado, aprecio, afecto profundo por algo o alguien, por un lado; y la de, aún no sintiendo nada de ello en un momento, respetar, cuidar y tratar afablemente a alguien que nos esta siendo afectivamente indiferente o, (en un grado más alto de esta expresión de amor como voluntad), incluso desagradable.
Asumiendo que el Amor supone matices y superposiciones, que así como puede cautivarnos desde el sentimiento y desde la voluntad a la vez, en modos y grados diferentes, el hacer la distinción entre ambos nos servirá para reconocer en qué estadio nos ubicamos más, cuán equilibrados y cuán asertivos podemos ser respecto de uno y otro, y cómo podemos elaborar, de modo reflexivo, nuestras propias sensaciones, creencias, juicios y prejuicios asociados a nuestro modo de amar; y, de este modo, aprovechar mejor las limitaciones y posibilidades que nos brinda el amar, aventura que consume y consagra toda la vida humana.
Partamos del Sentimiento, la más común e inmediata de las experiencias que solemos asociar con Amor, aquella que nos sumerge en el mar de la afectividad y a cuyas oriillas, llegamos a disponer nuestros proyectos más importantes ligados a la experiencia de hacer la vida con un otro. Es el tipo de amor que más comúnmente relacionamos con Eros, pero que en propiedad, pudiendio partir por ser una amor Eros, desde el momento que se constituye en Proyecto pasa de ser una orientación basada solamente en atracción y deseo, para conformarse como algo superior que trasciende las inmediateces de lo físico y las ligaduras de la dependencia que de ella pudieran derivar.
Expliquemos un poco más la diferencia entre el amor Eros y este amor basado en un Proyecto, cual sería el amor Philia. Veamos qué utilidad nos presta reconocer esta distinción y cómo es que, atendiendo a nuestras inclinaciones, orientaciones o tendencias de personalidad, estos amores pueden depararnos mayor o menor felicidad.
Todos conocemos, más menos de cerca, ya por experiencia propia o por la de algún cercano, lo que el llamado "amor dependiente" genera: inseguridad, deterioro de la confianza, afección de la autoestima y daño general a la relación con el otro. Casi ni necesitamos definir qué es un amor dependiente; el concepto circula de modo habitual en el lenguaje común, y de modo intuitivo o experiencial, la mayoría de nosotros asume el carácter negativo del mismo. Partamos pues de tal carácter; un amor dependiente se caracteriza por hacer predominar el deseo propio por sobre el proyecto común o el deseo mutuo. En este sentido, semeja un amor Eros, aquel que se basa en lo sensorial, y que de ese modo, es limitado y temporal. Platón daba cuenta de este tipo de amor, como un amor acotado a ciertas facultades y no a otras; facultades sensoriales, de los sentidos. Si trasladamos estas facultades a su efecto en el "alma", lo que encontramos allí es volubilidad, es decir, una personalidad fácil de dejarse llevar por sus propios deseos. Una personalidad entrenada en buscar la propia satisfacción por sobre la satisfacción común o del otro, se caracterizará por una afectividad poco firme, siendo más bien emocional, dejándose llevar por lo que le resulta atractivo, actuando en base al sentir y tendiendo a quedarse en ese estadio; "lo hice porque lo sentí", es la suerte de lema que acompaña a este tipo de tendencias. Un amor así, se dificulta ante la ausencia, y puede juzgar como "falta de amor", el que el otro no se ajuste o deje de responder de un modo le sea agradable, a sus demandas de afecto o atención; le cuesta respetar los espacios de individualidad y busca insesantemente "ser amado" antes que amar.
Cuando una relación trasciende el amor Eros, para conformarse como amor Philia, los sentimientos de amor propiamente tal, participan de otras facultades más allá de las emocionales. Entran en juego capacidades de comprensión, de diálogo, de respeto y cuidado por el otro.
Ciertamente, solemos movernos entre estos tipo de amor, y según sea la calidad de las capacidades puestas en concurso, lo que resulta o va resultar es una tipo de amor más predominantemente eros, más predominantemente philia; un amor más anímico o más volitivo; más reactivo o más creativo y proactivo; más voluble a las influencias externas o más sólido y asentado en la intimidad y la interioridad. Según pues, el dominio de unas u otras inclinaciones o tendencias, la posibilidad de un proyecto común por un lado, y la propia sensación de felicidad por otro, estarán más o menos orientadas al enceuntro o al desencuentro.